«La Borreguilla»
Data de principios de siglo XIX y en su origen era uno de los principales molinos de la zona.
El paisaje
La linde de la finca la configura el Río Gaidovar, afluente del Río Guadalete, ofreciendo sitios particularmente bellos donde poder disfrutar de la lectura o simplemente de la belleza del paisaje y la tranquilidad.
Su superficie de más de 25 hectáreas posibilita un entorno de descanso y disfrute, en el que se pueden compaginar actividades y paseos por olivares centenarios donde evadirse de la realidad, en una verdadera cura de estrés.
Un jardín vivo
Es especialmente destacable la gran diversidad de la flora que se puede encontrar en la finca, fruto de muchos años en los que se ha intentado conseguir un auténtico “jardín botánico”. En él podemos encontrar no solo olivos, quejigos o fresnos típicos de la zona, sino también cerezos, granados, membrillos e higueras, que se funden con una maravillosa huerta ecológica y con el jardín romántico, donde los setos de boj, los rosales y las calas le imprimen su sello especial.
El agua como esencia
Un nacimiento de agua en la propia finca hace que esta fluya por toda ella, a través de pequeños arroyos y cauces que convierten el agua en una parte indispensable del lugar.
Otra zona especialmente atractiva es el entorno donde se encuentra la piscina, con merendero, cuya ubicación permite disfrutar de un soberbio quejigal y de unas vistas impresionantes del macizo de sierra que rodea la finca.
Espacios con identidad propia
La finca cuenta con El Olivar, un amplio jardín con olivos centenarios; el Jardín Romántico, anteriormente comentado, donde disfrutar de la tranquilidad mental y espiritual; y El Huerto, donde en verano se pueden saborear sus productos ecológicos, fruto de un esmerado cuidado.
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